lunes, 14 de marzo de 2016

LAS DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA


                                                  

... de la Red
 
                                

            Inventamos a cada instante un nuevo Universo, porque éste en el que vivimos no nos gusta ni convence. Mas curiosamente, éste es el único que conocemos. ¿Tal vez el espejismo dentro del cual existimos nos impulsa a adentrarnos en otro espejismo, y así sucesivamente?

            La naturaleza impermanente y polimorfa de los fenómenos es la causante de todos nuestros constantes errores, afirman los antiguos sabios hinduistas y budistas. Sin embargo, ¿qué podemos hacer ante tanta fragilidad que nos afecta y conmueve; nos horroriza y llena de frecuentes contradicciones y pesares? Paciencia para soportarlo y esperanza para superarlo parecen ser las consignas que la lógica social del vivir diario nos propone: ¿algo parecido a una suerte de forja de las virtudes cristianas? ¿Pero, es ésta la única posibilidad que tenemos para lograr sobreponernos a la lábil naturaleza de los fenómenos y sus manifestaciones? (Ya nos hemos referido antes a la interpretación que las filosofías orientales dan al respecto, y añadiremos -sin entrar en detalles- que éstas aportan su solución al problema.)

            Nosotros mismos, sin ir más lejos, somos un arcano misterio: seres híbridos conformados por una fuente de energía hoy por hoy insuficientemente explicada por la ciencia. ¿Porque, qué son si no la mente, el alma o el espíritu que se nos muestran como una manifestación singular de la Naturaleza, de alguna manera contrapuesta a la propia existencia de la materia, soporte sustancial de todo lo que podemos observar, incluido   nosotros mismos?

            No obstante, resulta coherente concluir que tal apreciación es igualmente un producto de la omnipresente virtualidad del Mundo y sus emanaciones. ¿Cómo podemos entonces pretender hallar marcos, reglas, razones, leyes inmutables, cuando el Universo, cambiante en sí, es a la vez observado, analizado por unos seres -nosotros mismos que lo habitamos y formamos parte de él-  relativos y mutantes al mismo tiempo?

            El ojo que todo lo quiere ver y comprender pertenece a un ser inestable; cuyo yo o yoes, para el caso da igual -hoy la ciencia ya lo admite sin ambages- es pura ficción: un constructo emergente, y a la vez evanescente, generado por la insondable dinámica que sostiene la subjetividad humana.

            ¿Puede haber algo más ilógico que la simple pretensión de alcanzar la objetividad a partir de una sustancia creadora que nace y muere dentro del propio sujeto? ¿No es acaso el binomio objeto-sujeto una contradicción en sí mismo; aunque simbióticamente ambas realidades -mantendremos dicha concepción en aras de facilitar la reflexión- se pertenezcan y completen como las dos caras de una moneda?
 
            Admitir la incapacidad de la razón humana para poder explicar a día de hoy el Mundo y sus circunstancias, es tanto como afirmar de alguna manera -así podría pensarse- que el Universo se nos presenta como un ente inescrutable y paradójico; y por lo tanto, en gran medida irracional.

 

                                               (J.L. Pacheco)