jueves, 17 de marzo de 2016

EL DENOMINADO "PROBLEMA DURO" DE LA CONSCIENCIA


... de la Red



            Hasta donde alcanzo a comprender, el denominado "problema duro" acerca de lo que la consciencia sea, sigue hoy en día pendiente de resolución. A menos, que algún científico sabio lo haya descubierto, pero no quiera compartirlo con nadie y por eso no lo publique. ¿Quién se atrevería a cometer tal necedad? Aunque visto lo visto, tal vez puedan existir razones para obrar así que escapan a nuestra propia razón. Cosas más extrañas suceden en este Mundo.
            Bromas aparte, y sea como fuere, la cuestión aparece aún irresoluta, a pesar de todos los argumentos que se vienen dando desde las posiciones materialista-fisicalistas de la Filosofía y las Neurociencias; pues bien sabemos que la solución a un problema suele desbordar o ampliar el marco en que se asienta su hipotético planteamiento. Como debemos recordar aquí: "en una definición, lo que se pretende definir, no puede aparecer reflejado en la propia definición". ¿Y por qué digo esto y creo además que la cosa es bastante peliaguda? Entremos en harinas.
            Para mí la consciencia es un contenedor virtual sellado de alguna manera, como, por ejemplo (empleando un símil aproximado), la famosa "caja negra" que la psicología conductista quiso hacernos creer que era el receptáculo de la mente humana. Ya sabemos que los conductistas erraron al afirmar tal cosa, pero de alguna manera pusieron en entredicho la posibilidad de acceder a la consciencia humana. Intentaron convencernos de que era posible manejarla con un elemental juego de E-R, una sencilla (no tan sencilla, por supuesto) ecuación, desde cuya entrada, administrando diferentes valores, obtendríamos automáticamente los resultados que esperábamos conseguir al diseñar la experiencia. Según lo dicho (me atrevo a exagerar), si quisiésemos, podríamos fabricar de la nada a un santo o a un criminal. No es así, y hoy la neurociencia, unida a otras ramas de la investigación científica, va camino de hallar una respuesta para un enigma que desde el inicio de la propuesta de John Watson nos ha llevado más de un siglo desentrañar, aunque solo sea a medias. Se trata en esencia de un problema complejo, diríamos en todo caso, "más previsible", que el asunto que nos ocupa. Cómo funciona el cerebro humano  es cosa bien distinta a qué es la consciencia.
            Entonces, ¿qué hay del denominado problema duro de la psique humana?
            De acuerdo con lo expresado, entiendo que no puede resolverse desde dentro del propio contenedor (la consciencia individual) en el que se aloja. Estaríamos, a mi modo de ver (haciendo un salto circense), en un presupuesto parecido a lo ya comentado en relación con "lo definido" y la "definición". Si el marco no puede ampliarse, ¿cómo vamos a encontrar una solución al problema que nos preocupa? ¿Y de qué modo lo lograríamos si nosotros somos, al mismo tiempo, juez y parte en la cuestión? Tendría que ser un juez imparcial (continuando con el símil empleado) el que pudiera dar una respuesta plausible a ese endiablado enigma; pero ello no es posible porque todos los jueces son seres dotados de consciencia, sujetos de sí mismos, y por tanto, no objetivos, ni neutrales. Nuestro campo de existencia, el campo en que todos estamos inmersos, no es otro que el de la propia consciencia vivimos clausurados. ¿Y qué hay del Mundo exterior? ¿Acaso podemos verlo como algo neutro e independiente a nuestra psique, algo absolutamente descontaminado de lo que somos por naturaleza?
            Como vemos, el círculo vuelve a cerrarse sobre el mismo sujeto que lo piensa y cuestiona: "That´s the question". Luego, entonces..., qué hacer si somos seres circulares existiendo dentro de nuestra propia vaina mental.
            Tendríamos que plantearnos la hipótesis, por demás admitidas por algunos científicos de los campos de la Física y la Neurología, que apuntan en el sentido de que la solución al problema no sería precisamente de tipo local (digamos dentro del cerebro del sujeto) sino "no local", un fenómeno que desbordaría la psique humana insertándose cuánticamente en una matriz energética de carácter universal. Podríamos decir, que a través del colapso onda-partícula (dentro de un campo unificado), al menos, mientras estamos vivos, nos sincronizamos de alguna forma no explicada con el Universo entero. Nos comunicaríamos en una doble ruta de entrada-salida generando ideas  y  emociones-sentimientos con los cuales procesar y reprocesar el Mundo material, siendo nuestro cerebro la maquina catalizadora de la experiencia humana: es obvio, que no podemos prescindir de él, pero tendríamos que convenir (una vez aceptada dicha premisa) que somos mucho más que éste. O, dicho de otra forma: la complejidad cerebral parece que no puede explicar por sí sola la emergencia de la mente autoconsciente.
            Participan de dicha tesis, por citar algunos reconocidos filósofos y científicos, los siguientes: Kart Popper, David Chalmers, John Eccles, Roger Penrose y Stuart Hameroff. Y, por supuesto, son contestados por otros de la talla de John Searle, Daniel Dennett, Rodolfo Llinás y Mario Bunge, entre otros.
            Ante esta situación de teóricos divididos entre monistas-dualistas, o si se quiere, materialistas-espiritualistas, que cada cual adopte la postura (está en su derecho) que mejor crea que explica su realidad como sujeto pensante. Yo, humildemente, me quedo con la primera opción.
 
                   Blog: "Papel en Blanco"                        (J.L. Pacheco)