viernes, 6 de abril de 2018

LA PUERTA DEL UNIVERSO


 
(Pequeña Fábula)

             El profesor de Física dijo a sus alumnos (Todos, como era habitual en ellos, atendían casi sin pestañear):
            -- Podríamos imaginar que el infinito e incognoscible Universo es como una inmensa Casa a la que el ser humano se asoma, apenas a través de un pequeñísimo agujero de "ojo de buey", para ver que hay por dentro. No puede penetrar en ella -no al menos, mientras se halle en su actual plano vital- y por dicha razón especula continuamente, a partir de lo poco que le es permitido observar, acerca de cuál sea su orden y contenido.
            No obstante, cabría imaginar igualmente, que el ser humano es un habitante de esa Casa, que manipula ingeniosamente, con la llave que posee, la cerradura de su puerta. Lo hace porque pretende entrar, cuando en realidad no se da cuenta de que ya vive desde siempre en su interior.
            Dicho lo cual, el profesor acabó aseverando (Todos esperaban ansiosos sus palabras finales):
            -- A partir de aquí, es lógico pensar -si aceptamos en su conjunto las conjeturas contenidas en esta fantasía expuesta-, que el estado actual en el proceso evolutivo de nuestra conciencia determina nuestro limitado modo de conocimiento y relación con el Cosmos. Sin embargo, nos conviene sopesar al mismo tiempo, por la trascendencia de su valor testimonial, que desde la más remota antigüedad las culturas ancestrales han venido enseñándonos que, a pesar de este aparente espejismo que se muestra a la consciencia humana, en el fondo, muy en el fondo, formamos parte indisoluble de esa íntima Realidad; o lo que es lo mismo: venimos experimentando desde siempre nuestra existencia dentro de Ella, como aquel habitante de la Casa fabulada al que antes me referí.
            Queramos o no, algunas cuestiones no pueden ser explicadas por medio del conocimiento científico, mal que a algunos les pese. Además del poder de la razón, existe también el de la intuición, que más que pensar nos hace sentir.